| Para poder encuadrarlo teóricamente, me parece necesario recordar las fórmulas de la sexuación (Lacan, Seminario XX), y lo que ellas nos enseñan.
Tales fórmulas, dicen del lado hombre: "todos los hombres están sometidos a la función fálica" y "algún hombre dice no a la función fálica". De este lugar de excepción fundadora, de este límite, Lacan hace un fundamento; y en este lugar sitúa la función del Padre, mito del Padre en "Tótem y Tabú", quien supuestamente goza de todas las mujeres y prohibe este goce a los hijos. El lugar del Padre Muerto es también el lugar de Dios.
Del lado mujer: "las mujeres están no-toda sometida a la función fálica" y "ninguna puede decirse que diga no a la función fálica".
El no-toda permite una ambivalencia: algunas mujeres sí, otras no; una parte de la mujer se inscribirá, otra no.
El ninguna: lo que no implica que todas se inscriban en esa función, tampoco que una sola se inscriba sola.
La relación de las mujeres con la función fálica pertenece al orden de lo contingente, de lo indecible, todo puede decirse al respecto.
No hay un universal, no forman un todo. No hay un Padre Primitivo como interdicción de goce.
Si pensamos la locura como locura histérica, podemos decir que la histeria está en lado izquierdo de la fórmula, el correspondiente a la mitad hombre, en el lugar de la excepción: "existe al menos uno que dice no a la castración". Lugar de la excepción, es el lugar del imposible Goce de ese Todo de La Mujer.
Del lado derecho de las fórmulas- que se dice mujer- desde La (la mujer por esencia ella no-toda es), dividida entre su deseo y su goce, se dirige al que supuestamente lo tiene, intentando tenerlo. En cuanto no-toda, y pudiendo enfrentarse con la falta, se dirige al S(A).
Retomando ahora la figura de Medea:
Si ella puede matar a sus hijos, es porque piensa que son una parte de ella, que le pertenecen.
Está situada en la dialéctica de tener o no tener- o son de ella o son de Jasón, o son para la muerte.
En su locura, no accede a la posición femenina. En esta posición, es posible acercarse al falo, no creer tenerlo, o aparentar serlo. De esta manera, accede al Goce fálico.
Pero también puede, muy lejos de la locura, apuntar al S(A), y es allí donde le espera el Otro Goce, otro goce posible.
Para ello, de cada hijo, la mujer tendrá que hacer el duelo del objeto-falo que ese niño fue para ella.
Si lo retiene, si lo mata, es porque ese duelo no fue transitado.
O como sucede en la esquizofrenia, en la cual el niño no le significa nada.
Entonces, podría decirse que ese Otro Goce está emparentado con el Goce místico. Los liga el desprendimiento. Desprendimiento que es lo que marca, a mi entender, la posición femenina.
El tránsito del Otro Goce tiene que ver con la locura y con la muerte, en cuanto caída del referente y del lenguaje.
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