I. La sexualidad masculina en cuestión
Las motivos que llevan a una persona a solicitar una consulta no son tan variados como se cree. En el fondo, se relacionan con los principales capítulos de la existencia: la sexualidad en la pareja, los lazos afectivos en el seno de la familia, las relaciones en el trabajo, los fracasos en la esfera emocional que se acumulan constantemente a lo largo de su vida, temores injustificados que dificultan y limitan nuestras propias acciones, la presencia de los síntomas que impiden el logro de determinados objetivos. Ahora si debiera ubicar el malestar en general en los tiempos actuales referido con más frecuencia como motivo de consulta, entonces sostengo que es sin dudas la cuestión preocupante de las problemáticas sexuales de los hombres. Aquí resulta indispensable aclarar que la clínica psicoanalítica en tanto clínica de la sexuación va más allá que la sexualidad, es decir que no puede reducirse a temas como la impotencia y la eyaculación precoz, sino que toca puntos del ser mismo del sujeto en sus elecciones profundas e inconscientes. De manera flagrante, el problema mayor, y que amenaza con agravarse, es la pérdida progresiva de parámetros que definan el carácter masculino del hombre. Es uno de los grandes sufrimientos que encuentro cotidianamente en mi práctica: muchos hombres consultan por impotencia sexual, eyaculación precoz y, más ampliamente, por dificultades para encontrar su lugar de hombre en la pareja, de padre en la familia o de patrón en la empresa.
Desde la decadencia de la autoridad paterna iniciada en los años setenta hasta nuestros días, en los que vemos cuestionada la transmisión automática del nombre del padre a sus descendientes, o incluso recientes procesos biotecnológicos que permten producir un ser humano prescindiendo del sexo masculino, el hombre está dolorosamente desestabilizado en su ser viril. Ya no logra ubicar los límites de su identidad.
Tradicionalmente, en la sociedad patriarcal, los hombres representaban los valores de autoridad y de combatividad, mientras que las mujeres encarnaban el hogar, la disponibilidad de la madre y de la esposa que sostiene y acompaña. Al adquirir una autonomía profesional y financiera, las mujeres trastornaron radicalemente el esquema y debimos, y debemos todavía, volver a pensar por completo la organización social. En nuestras sociedades contemporáneas somos muchos los que constatamos las mutaciones, pero ignoramos totalmente sus consecuencias. ¿Qué forma revestirá la relación de un hombre y de una mujer en el año 2050, por ejemplo? Es un enigma fascinante saber qué lazos inéditos inventarán los hombres y las mujeres para amarse.
II. Blog de notas
Un espacio para reflexionar sobre psicoanálisis, el sufrimiento actual, las nuevas transformaciones vinculares; con notas sobre arte, semblanzas biográficas, noticias, eventos entre otras secciones.
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Rosa Aksenchuk



