“¿Para cuándo Cortazar?”
Por Alicia Smolovich
Volver a las historias habitables de Julio Cortazar.
¿Para cuándo Cortazar? La pregunta de un colega editor llega como invitación a recordarlo, a volver a Cortazar o más bien, volver a ese lugar extraño donde se entremezclan los sueños y los miedos adolescentes con el encuentro casi casual, pero nunca del todo, con un libro. Un libro al que se fueron sumando otros y otros, cuentos, historias donde perderse un ratito, donde habitar otros mundos posibles, donde hay humanos personajes y esos otros, cronopios que andan por las páginas con su estrafalaria manera de mover la realidad. Textos que juegan, que huelen a jazz y a tabaco, que tienen un mirada oblicua, que descubren lo extraño, que nos toman en una sensualidad escrita entre las líneas de las páginas. Hay encuentros con los libros, que son encuentros de amor. No de admiración (aunque no la excluya) no de regodeo inteligente no de distancia crítica. Simplemente, de amor. Por alguna razón son íntimos como los deseos que nunca terminamos de descifrar, nos ponen en la boca palabras que no adivinamos que estaban en nosotros, nos dejan usarlos a nuestro antojo, leerlos como quien lee parte de alguna propia historia aún desconocida. ¿Dónde empieza y termina la escritura? ¿en el escritor, en las páginas, en quien las lee, en quien las recuerda o las sueña o las vuelve a escribir o las inventa otra vez?
Hace no mucho tiempo hubo debate crítico-literario en torno de Cortazar, para algunos no era un escritor tan genial, estaba sobrevaluado o no merecía tanto reconocimiento.
Los estudiosos cada tanto padecen de cosas por el estilo. Una de las críticas hacia pie en que Cortazar era un escritor para jóvenes o adolescentes como si eso fuera alguna condición menor. ¿No es acaso parte de lo maravilloso del mundo cortaziano, esa adolescencia que nos convoca cuando nos creemos personas ya sesudas armadas respetables? La adolescencia será una especie de espacio y tiempo de sosobra, de tristeza, de soledad, pero también tiempo de la piel rozando con el mundo, de estremecimiento en los ojos, de amores increíbles.
“No sabré desatarme los zapatos y dejarme que la ciudad me / muerda los pies./
no me emborracharé bajo los puentes, no cometeré faltas de / estilo. / Acepto este destino de camisas planchadas, / llego a tiempo a los cines, cedo mi asiento a las señoras/ El largo desarreglo de los sentidos me va mal, opto / por el dentífrico y las toallas. Me vacuno. / Mira qué pobre amante, incapaz de meterse en una fuente / para traerte un pescadito rojo / bajo la rabia de gendarmes y niñeras.” (1)
Muchos crecimos o descrecimos con Cortazar, de eso atestigua una pintada en Buenos Aires “Biban los cronopios” y otra que lo extraña “Volvé Cortázar, ¿qué te cuesta?”
Cortázar vuelve de la mejor que forma que puede volver en esas pintadas, en esos neologismos que son ya palabras del diccionario que usamos para vivir y sentir en Buenos Aires, en muchas otros lados, quizás lectores desprevenidos serán nuevos cronopios, un día despertarán metamorfoseados y sin saberlo, andarán por la vida como personas cultas, pero cuando se duerman aunque no vean su cara en el espejo ni puedan escucharse, hablarán en una lengua extraña como seres imaginados por un texto que Cortazar escribió. La ficción permite esas extravagancias.
Alejandra Pizarnik en un carta a Silvina Ocampo le escribe: “...esta escena banal marcó el fin de un semana de: tengo que tirarme por la ventana. El mismo amigo recién venido de Parigi me entregó una cinta grabada “para vos por el amigo Julio Cortazar. Ayer fui chez Olga –dueña del mismo grabador que tiene Julio- y, a pesar del pompón, el asma no me dejaba, no me soltaba, no quería que yo respirase...Empieza la cinta. A la 2da.frase me pongo los lentes oscuros. A la tercera me pongo a dibujar y a fingir que solo me importa ese muñequito (¿Zacarías?) huido de mi pluma. Es simple: Julio me habla como por teléfono: es tal hora, hago tal cosa, llegó tu libro...a ver, voy a leerlo- y lo lee en voz viva, y lo comenta y lloré como 1339 perritos recién nacidos...Qué simple y terrible, Sylvette ese encuentro entre Julio y yo en el espacio o herida de un librito
solitario a nadie destinado. No dejes de verlo a Julio,..no dejes de decirle que por llorar gracias a él pude respirar como la reina de los respirantes, no dejes de decirle que el mero hecho de que él, Julio, exista en este mundo, es una razón para no tirarse por la ventana. Julio, vos, Adolfito, Octavio...y me digo: Ellos aseguran tu mundo vertiginoso e inclusive te ayudan a respirar ...”
“Mira, no pido mucho, / solamente tu mano, tenerla / como un sapito que duerme así contento./ Necesito esa puerta que me dabas / para entrar a tu mundo, ese trocito / de azúcar verde, de redondo alegre. / ¿No me prestas tu mano en esta noche / de fin de año de lechuzas roncas? / No puedes, por razones técnicas. Entonces / la tramo en aire, urdiendo cada dedo, / el durazno sedoso de la palma / y el dorso, ese país de azules árboles / Así la tomo y la sostengo, como / si de ello dependiera / muchísimo del mundo/ la sucesión de las cuatro estaciones, / el canto de los gallos, el amor de los hombres.” (1951) (2)
No pido mucho, solamente tu mano para entrar en el mundo, tu voz de lechuzas roncas en ese país de azules arboles, necesitar esa puerta que me dabas como si de ello dependiera el amor, que como un sapito duerme así contento en el canto de los gallos, en la noche, en el silencio que se deja en tus palabras y en la redondez de la ternura.
“..estos pameos son mis amores, mis bebidas, mis tabacos; sé que los critico como se critica lo que se ama, es decir muy mal, pero en cambio los acaricio y los voy juntando aquí para esas horas en que algo llama desde el pasado, busca volver, resbala en el tiempo, devuelve o reclama. Agenda telefónica de las altas horas, ronda de gatos bajo una luna de papel.”(3)
“Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores blanquísimos / donde se juegan las fuentes de la luz, / te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz,/ voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que / dormían con la lluvia./
no quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que / viene detrás de tu mano/ porque el agua, considera al agua, y los leones cuando se disuelven en el azúcar de la fábula, / y los gestos, esa arquitectura de la nada, / enciendo sus lámparas a mitad del encuentro. / Toda mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo, / pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese pelo lacio, / esa sonrisa. / Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo / busco esa línea que hace temblar a un hombre / en una galería de museo. / Además te quiero, y hace tiempo y frío.” (4)
“Todo vino siempre de la noche, background inescapable, madre de mis criaturas diurnas. Mi solo psicoanálisis, posible debería cumplirse en la oscuridad, entre las dos y las cuatro de la madrugada –hora impensable para los especialistas. Pero yo sí, yo puedo hacerlo a mediodía y exorcizar a pleno sol los íncubos, de la única manera eficaz: diciéndolos. Curioso que para decir los íncubos haya tenido que acallarlos a la hora en que vienen del insomnio. Otras leyes rigen la inmensa casa de aire negro, las fiestas de las larvas y empusas, los cómplices de una memoria acorralada por la luz y los reclamos del día y que sólo vuelca sus terciopelos manchados de moho en el escenario de la duermevela. ..Pero después será el día, cámara clara. Después podremos revelar y fijar. No ya lo mismo, pero la fotografía de la escritura es como la fotografía de las cosas: siempre algo diferente para así, a veces, ser lo mismo.”...”...la música no viene del audífono, es como si surgiera de mi mismo, soy mi oyente..Cómo no pensar, después, que de alguna manera la poesía es una palabra que se escucha con audífonos invisibles apenas el poema comienza a ejercer su encantamiento. Podemos abstraernos con un cuento o una novela, vivirlos en un plano que es más suyo que nuestro en el tiempo de la lectura, pero el sistema de comunicación se mantiene ligado al de la vida circundante...En cambio el poema comunica al poema, y no quiere comunicar otra cosa.
Su razón de nacer y de ser lo vuelve interiorización de una interioridad..”
“-En fin- digo yo para traerlos de este lado de los acorazados-, lo que me queda por agregar es que estos meopas tie |