SOBRE LA “PSICOSIS” DEL ESCRITOR JAMES JOYCE El hombre que inventó su propio nombre
Por Juan Carlos Mosca *
Según Lacan, en el post–facio del Seminario 11, James Joyce introdujo “el escrito como no–a–leer... al hacer de la palabra trazo más allá de las lenguas”. Tal como recordó Mario Pujó en esta misma sección el 15 de marzo, en el curso de su Seminario 23 Jacques Lacan se pregunta si Joyce estaba loco. La cuestión es si esta pregunta se toma en el sentido de las psicosis. Cuando se lo entiende así, se lee ese seminario en continuidad con los desarrollos tempranos de Lacan sobre la psicosis, como “Una cuestión preliminar...” y el Seminario 3. Lectura posible y provechosa para darle una nueva vuelta al tema con los aportes que introduce en su configuración nodal y la “Verwerfung de hecho” con la que Lacan se refiere a la carencia paterna en Joyce. Y al synthome como lo que permite su anudamiento, de un modo similar a la estabilización que permite la metáfora delirante, evitando el desencadenamiento psicótico.
Pero el diagnóstico de psicosis de Joyce, que Lacan no pronuncia, pero parece suponer, no resuelve la función del artificio, del synthome, si lo limita a la estabilización de una estructura clínica.
Más allá o más acá de la psicosis “joyceana”, por la solución que Lacan encuentra y escribe con el nudo de Joyce, es decir un imaginario anudado mediante el ego–synthome, la respuesta a la pregunta de Lacan, acerca de si Joyce estaba loco, no parece sencilla.
En el Simposio Internacional James Joyce, en la Sorbona, Lacan afirmó: “Le doy a Joyce, al formular este titulo, ‘Joyce el synthome’, nada menos que su nombre propio”. El Nombre–del–Padre funciona en la metáfora asignando significación, significación que es siempre fálica. En esta nueva elaboración del Nombre–del–Padre lo ubica en otra posición, produciendo no tanto el orden de las significaciones en la referencia al S2, sino como S1 que nombra. Padre que nombra, padre del nombre. Recuerda esa figura bíblica de Dios junto a Adán nombrando los seres del Edén.
Lacan diferencia creación de invención. La nominación daría cuenta de la función del Padre que nombra, más que del Nombre–del–Padre. El nombre propio no es tan propio, ya que nos fue impuesto, y, si el inconsciente es un saber hecho de palabras, éstas también nos fueron impuestas. Joyce nos recuerda la posibilidad de apropiarnos de ese destino que se presenta determinado por el Otro, Joyce se inventa un nombre al apropiárselo, nombre del que aun hablamos, como el mismo Joyce predijo. Y se apropia de las palabras nombrando con ellas de una manera imposible, en la que su literatura lleva el lenguaje al limite de lo enigmático y de la producción translingüística. Su escritura, su manera de nombrar, los neologismos, su uso del lenguaje, no prescinden del Otro, pero no se validan en él.
Neologismos, translingüismo, desabonado del inconsciente, ¿psicótico? De la relación de Joyce con el psicoanálisis dice Lacan, en Lituraterre, que el escritor irlandés nada hubiera ganado, “yendo derecho a lo mejor de lo que se puede esperar del psicoanálisis en su fin”. Por otra parte, tres años mas tarde, al final de aquellas conferencias en la Sorbona, Lacan manifiesta su asombro de que Joyce consiguiera ese goce opaco, por excluir el sentido, goce del synthome, sin el recurso a la experiencia analítica. En estos comentarios encuentro un Joyce más cercano a quien ha pasado por un análisis que a la psicosis. En esta línea, el Seminario 23, ¿podría servirnos como texto acerca del fin de análisis?
* Psicoanalista. Integrante del grupo Reanudando con Joyce. Fragmento del trabajo “¿Joyce estaba loco?”.