Psikeba. Revista de psicoanálisis y estudios culturales

FRAGMENTO DE UN TRABAJO PREMIADO EN EL CONCURSO DEL AMEGHINO
“Se sobrevalora la clínica individual”

Por Ana Ballesteros, Claudia López Mosteiro, Clara Vicchi y Marcos Weinstein *

Los hechos políticos y sociales de los últimos 30 años tuvieron escenificación en la institución de salud mental, con efectos en los equipos de salud, en sus marcos teóricos de referencia y en las demandas. Así como desaparecieron servicios asistenciales, se interrumpieron los registros de admisiones a partir de mayo de 1976 en el libro ad hoc del Centro de Salud Mental Nº 1. 
La marca era la amenaza, que en la actualidad se resignifica como amenaza de exclusión. Se genera un sentimiento de vulnerabilidad, inestabilidad y fragmentación de la identidad y de la subjetividad. Antes, desapariciones; hoy, exclusiones del universo simbólico. Opera un mecanismo de desmentida: existen los excluidos, pero son renegados.
La apertura de los servicios de psicopatología en los hospitales generales y la creación de los centros de salud mental, en 1968, está vinculada con la ruptura de la hegemonía manicomial y con la promoción del concepto de salud mental para el abordaje de los padecimientos psíquicos. Esto supone un pasaje del discurso médico hegemónico a una concepción interdisciplinaria y la inclusión del psicoanálisis.
La reclusión corresponde a la locura tal como la exclusión concierne al consumo: el que no tiene es in-significante. Hay una asociación entre las estructuras del poder y el modelo manicomial que persiste, por su todavía intensa impregnación en el imaginario social, sobre la base de la ideología autoritaria. Así las instituciones producen y reproducen subjetividades autoritarias (clausura del sentido) y obstaculizan a aquellas que promueven un pensamiento libre y autónomo.
Las nuevas presentaciones de los padecimientos psíquicos –muchas veces expresión de cambios sociales– colocan a las instituciones de salud mental ante el desafío de modificar sus estructuras. La falta de continuidad a través de las distintas gestiones hace que los equipos asistenciales y los programas se formen por iniciativas individuales de los profesionales, sin una planificación previa.
Hay escisión entre la formación académica y los requerimientos en las instituciones, ya que se sobrevaloran los aspectos ligados a la práctica clínica individual respecto de lo comunitario. Se produce un deslizamiento del espacio privado hacia el público (el “uno a uno”) y de lo individual sobre lo colectivo: la privatización del conflicto social. Los aspectos más rígidos de la institución psicoanalítica dificultan una lectura más integradora de los nuevos fenómenos sociales.
La valoración del ejercicio privado, sin adecuación al espacio público, genera el desconocimiento de la historia clínica como documento; no permite evaluaciones epidemiológicas, de la demanda ni de la organización del servicio. Las historias clínicas actuales no alcanzan a reflejar los aspectos sociales: quedan como meros datos; así, ese documento pone en acto elementos disociados del imaginario “psi” que inciden en la práctica clínica. Queremos rescatar el valor del historial en su singularidad, desde una mirada integradora de los aspectos sociales de la subjetividad.

* Extractado del trabajo “Entre el imaginario social y sus instituciones. El lugar de la salud mental”, que obtuvo el Premio Ameghino el año pasado.