INTERVENCIONES CORPORALES EN LA CLINICA PSICOANALITICA
“Pasar el goce congelado en el cuerpo”
Por David Szyniak *
Releyendo textos como Análisis terminable e interminable, Nuevos caminos en la terapia analítica o el mismo Construcciones en psicoanálisis, conmueve la manera en que Sigmund Freud presenta sus dudas sobre la eficacia terapéutica del psicoanálisis; también nos deja sus advertencias de no atarnos al dispositivo tradicional para casos cercanos a la neurosis obsesiva o fobia. ¿Será posible pensar en la clínica actual recursos diversos, intervenciones o propuestas con el cuerpo, que operen en diferentes tramos de un tratamiento?
En la historia del psicoanálisis observamos un abanico con dos extremos: por un lado, la ritualización del encuadre que no admitió innovaciones, tal vez para salvaguardar una valorada verdad freudiana que en la misma medida era desconocida en su lógica y su alcance en lo real. Por otro lado, la invención de dispositivos que, en su afán de incidir en los límites del tiempo en la cura analítica, los llamados “fracasos del análisis”, retornaron a posiciones prefreudianas creyendo superarlas.
Por mi parte propongo las “intervenciones corporales” como una manera de saber hacer allí donde lo inefable, lo repetitivo, estanca el avance de nuestro trabajo en un momento de detención mortífera. “Fijación del analizante” a una manera de situarse en su distribución libidinal, ya sea que ésta lo estereotipe, lo sintomatice, lo inhiba o lo mortifique en signos que no se deshacen con las asociaciones libres y el “equívoco” de nuestra interpretación. La noción de lo “corporal” alude así a una manera de concebir los cuerpos donde los ritmos del movimiento, gestos repetitivos, maneras de escuchar, melodías del hablar, estilos de percepción, formas de silencio, pulsaciones de la respiración no deben ser pensadas como signos de un código a descifrar. Sino más bien que para nosotros, como analistas, conforman parte de un discurso, una manera de anudamiento, formas de ligaduras que, aun a veces sin palabras, nos proponen variantes del lazo social.
Me anticipo a las críticas que dirán que este texto aboga por una vuelta al metalenguaje, o a un discurso preverbal. No son tan lejanos los tiempos en que en nuestra comunidad asistíamos a una proliferación interminable de interpretaciones que daban cuenta del florido y barroco “imaginario” de los analistas, antes que de la legalidad de la letra del analizante. Reafirmo, entonces, que las formas de “intervención corporal” no son sin anudamiento significante, aunque no se restringen a éste. No creo estar presentando ninguna novedad a nuestro oficio, sino más bien puntuando la posibilidad de sensibilizarnos y teorizar un cierto tipo de intervenciones que nos permitan avanzar en el saber-hacer de nuestra práctica.
Discurso que se anuda en hebras (imaginario, simbólico, real), intervención por la hebra corporal. Las polifonías de lo desconocido, lo no reconocido, lo renegado requieren operatorias diversas a aquella de la interpretación. Lo “no sabido” operando en la cuerda entre lo real y lo imaginario anudado a lo simbólico. ¿Será posible pasar el goce congelado en el cuerpo a formaciones del inconsciente? Intervenciones que jalonan una dirección de la cura, ahí donde los atascamientos transferenciales nos obligan a una silenciosa presencia real.
* Psicoanalista; autor del libro Discursos del cuerpo-Intervenciones en la clínica, Lugar Editorial. El texto publicado forma parte de su trabajo “¿Qué pasa con el psicoanálisis?”.
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