Caída de las categorías sexuales.
El psicoanálisis y las marcas de la época
por Alicia Azubel *
El modo en que se teoriza la diferencia sexual, tanto como lo que podría llamarse la “filosofía espontánea” del analista en cuanto a la caracterización de lo masculino-femenino, tiene especial incidencia en cuanto a la manera de llevar adelante el tratamiento de los pacientes varones o mujeres.
Y es oportuno preguntarse por la relación de la escucha analítica con los tiempos. Los tiempos no sólo inciden en ciertos modos de escuchar, sino que también delimitan un cierto margen de posibilidades e imposibilidades en los modos posibles de realización subjetiva. Preguntarse qué de la cultura, de los tiempos que corren, marca la producción teórica psicoanalítica, obturando la escucha alrededor de ciertos prejuicios.
Por ejemplo, alguien puede quejarse de lo injusta y adversa que es la vida: de todas las insuficiencias de la vida sexual-social-intelectual- económica; del tiempo que pasa sin pedir permiso. Y, como telón de fondo de la queja, la convicción de un Todo posible, vedado para la persona que se queja, pero no para ciertos otros/otras, de los que ella estaría excluida. Un discurso atravesado por el Todo/Nada. En esta versión, el obstáculo no está discursivamente situado en ser mujer o varón sino en la convicción de que la completitud es posible, tanto para el hombre como para la mujer. No sería sólo el hombre el predestinado para una ambición de realización subjetiva marcada por una elección. Esta es una marca de época.
Claro que esto mismo puede escucharse desde la escena freudiana de principio de siglo, y ello no es sin consecuencias en los análisis. Sin embargo, es una marca de época que la potencial completitud no se construya solamente sobre la figura del varón o sobre el imaginario de lo masculino, y tampoco exclusivamente en referencia a la vertiente de la maternidad, la equivalencia mujer plena = madre.
Es muy interesante constatar que, en una época caracterizada por cierto furor categorizador, las categorías masculino-femenino han perdido consistencia. Y esto no deja de palparse en la clínica: consultas de hombres en un orden de demandas que se dirían más del lado de lo femenino; consultas en mujeres del lado de las que tradicionalmente eran consultas de varones. Un analista, hace poco, bromeaba al decir que, hace unos años, las mujeres consultaban porque no podían acabar, o porque el orgasmo clitoridiano era vivido como culposo, o no verdadero, o insuficiente.
Hoy, en cambio, consultan porque no pueden escribir o ganar dinero. Las mujeres desean ser más activas sin que ello se deslice necesariamente a una identificación con el sexo masculino. La pregunta que así abren es por qué, existiendo la opción que no identifica ya mujer con madre, algo en su subjetividad, en su capacidad de goce y de trabajo, queda inhibido.
* Fragmento del trabajo “Versiones de la diferencia”, presentado en las Jornadas de Psicoanálisis “Las marcas de la época”, Seminario Lacaniano, Buenos Aires, junio de 1999. .
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