Del goce y sus vicisitudes
Texto 1
¿Qué se nos dice del placer? Que es la menor excitación, lo que hace desaparecer la tensión, la tempera más, por lo tanto aquello que nos detiene necesariamente en un punto de alejamiento, de distancia muy respetuosa del goce. Pues lo que yo llamo goce en el sentido en que el cuerpo se experimenta, es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Incontestablemente, hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo permanece velada. ¿Qué es el deseo? El deseo es de algún modo el punto de compromiso, la escala de la dimensión del goce, en la medida en que en cierto modo permite llevar más lejos el nivel de la barrera del placer. Pero éste es un punto fantasmático, quiero decir donde interviene el registro imaginario, que hace que el deseo esté suspendido a algo cuya naturaleza no exige verdaderamente la realización. (Jacques Lacan. Psicoanálisis y medicina)
Texto 2
De modo que el goce se produce en el encuentro de las zonas erógenas y se escapa de los dos de la pareja en razón de su misma división. Este goce del Otro pertenece ciertamente al registro del fantasma pero no por ello deja de tener efectos reales en la subjetividad. De mil maneras y de modos privilegiados en los sueños y en los síntomas, la clínica psicoanalítica muestra los efects, a veces inhibidores y angustiantes, a veces estimulantes, siempre enigmáticos y movilizadores, del saber inconsciente que resulta de esta imposibilidad de apropiarse del goce ajeno. Gozar del cuerpo del otro (hétero u homo) sexuado. ¿Es eso posible? ¿Podrá uno de los participantes en la cópula saber lo que sucede en el otro? ¿Son compatibles o incluso comparables ambos goces? ¿Son goces convergentes que se aseguran recíprocamente? Lacan lo cuestionaba, precisamente, por la función de la castración. (Néstor Braunstein. El goce: un concepto lacaniano)
Texto 3
El goce es, en principio, algo atinente al cuerpo. (...) Pero si se trata de estrechar Otro cuerpo, nos vemos reducidos a tomar una parte, a abrazarlo parcialmente, a no poder ser uno con él, porque el Falo hace de objeción, de impedimento: es el Falo el que goza, y, en este sentido, ese goce -fálico- está fuera-del-cuerpo. De ahí el carácter de sufrimiento en "segundo grado", en orden a la poquedad de goce a que podemos acceder. (Diría Freud, a nuestro juicio, que ello se debe a la imposibilidad de rescatar la vivencia originaria de satisfacción: si lo obtenido nunca es lo buscado, ello sustentaría la eficacia de un goce perdido). Vale decir: en el varón, la localización conduce a una parcialización. Y ésta no deja de imaginar que, en Otro lugar, hay Otro goce. Tal goce del Otro, leído desde el genitivo, quiere decir tanto que el Otro goza de modo cuantioso y notable, como que el Otro me goza, por cuanto a ese, su goce, estoy sometido. (Roberto Harari. ¿De qué trata la clínica lacaniana?)
Histeria
"¿A dónde se han ido las histéricas de antaño, esas mujeres maravillosas, las Anna O., las Dora...", todas esas mujeres que son hoy las figuras matrices de nuestro psicoanálisis? Merced a su palabra, Freud, al escucharlas, descubrió una forma enteramente nueva de la relación humana. Pero la histeria de entonces no sólo hizo nacer el psicoanálisis sino que, sobre todo, marcó con un sello indeleble la teoría y la práctica psicoanalíticas de hoy. La manera de pensar de los psicoanalistas actuales y la técnica que aplican siguen siendo, a pesar de los cambios inevitables, un pensamiento y una técnica íntimamente ligados al tratamiento del sufrimiento histérico. El psicoanálisis y la histeria son hasta tal punto indisociables que rige sobre la terapéutica analítica un principio capital: para tratar y curar la histeria hay que crear artificialmente otra histeria. En definitiva, la cura analítica de toda neurosis no es otra cosa que la instalación artificial de una neurosis histérica y su resolución final. Si al término del análisis se supera esta nueva neurosis artificial creada enteramente por el paciente y su psicoanalista, habremos conseguido resolver también la neurosis inicial que dio motivo a la cura. Continúa>>
Las pasiones
Texto 1
En 1973, respondiendo para la television, Jacques Lacan dice que "la simple reseccion de las pasiones del alma, como Santo Tomas nombra mas pertinentemente esos afectos, la reseccion desde Platon de esas pasiones segun el cuerpo (...) ¿no es el testimonio ya de lo que es inevitable para su abordaje, pasar por ese cuerpo, que yo digo no estar afectado mas que por la estructura?". La falta de exploracion de esas pasiones, a pesar del tiempo transcurrido desde estas indicaciones, muestra la vanidad de lo que se llama "psicosomatica" (residuo de un dualismo, cuyos efectos se ignoran). La oposicion tradicional entre lo patico y la logica idealiza la racionalidad y, por otro lado, pasa en silencio las pasiones de la comunidad. Basta escuchar las argumentaciones endebles de los "especialistas" cuando son consultados, por ejemplo, frente a lo que se llama un "crimen pasional". No saben como separar las razones de ese pathos singular, de sus prejuicios sobre lo patetico y lo patologico. Es decir, no todas las pasiones son fatales y tampoco pueden explicarse como manifestaciones de la pulsion de muerte. Jacques-Alain Miller, comentando la indicacion de Lacan que citamos al comienzo, subraya que se trata de separar el psicoanalisis de cualquier psicologia de las emociones, de marcar la conveniencia de pensar el afecto en relacion al lenguaje de las pasiones. (El retorno de las pasiones por German Garcia)
Texto 2
Si el apasionado es captado por el otro al punto tal de deponer su subjetividad, presa de la imagen apasionada, el melancólico – el más miserable de todos los seres humanos – es aquel que, asombrado por su propia indignidad, se hunde en un abismo de perplejidad, una apatía, una crueldad hacia con él y hacia con el otro) que lo priva de su deseo, de su palabra, de su voz, para sumirlo en un reaso sin fin del enigma que constituye su desastre interior. (...)
El odio es un sentimiento que remite tanto a la execración como al acto de destrucción. Pero esta destrucción no tiene una finalidad lógica, no tiene meta. Ciega, suprime los bordes, los límites, el bien del mal: es un desborde. […] El sujeto presa del odio sería aquel que, devorado por el horror que el otro suscita en él, se empecinará en destruir esta supuesta causa de malignidad. Fanatizado por esta idea obsesiva, no cejará en su intento de recrear y luego cercenar el escuro objeto de su odio desesperado para destruirlo mejor, y para también destruirse a sí mismo. Pero si, al decir de Empédocles “la génesis empieza cuando se cumple el odio”, en este caso no se vislumbra ninguna génesis, ningún acceso a la creatividad que puedan ser considerados ni pensados. Aquel poseído por el odio parece disolverse en el acto mismo de la execración que lo impulsa a querer erradicar al otro, llegando incluso a forcluir el término mismo de alteridad. (…) Aquel que se encuentra presa del odio se presenta como portador del bien, de lo limpio. Conocemos a todas esas personas animadas por un odio devorador y que se postulan constantemente como adversarios empecinados del Mal, de la falta de elegancia, de la inexactitud, de lo aproximado. Esta rigidez extrema apunta desesperadamente a la perfección. Este tipo de odio es el odio del solitario. Tiende a la desubjetiización y a la constitución de una masa de individuos “clonados” sobre el modelo de quel que se encuentra dominado por la idea del Bien, de aquel que no sabría obedecer al principio del placer sino al principio del goce.(...)
El odio susceptible de invadir al sujeto en el transcurso de un análisis puede paradójiamente representar el atajo que permite al analizante encontrarse con su analista y reconstruir un cuadro. En este sentido, tiene que ser reconocido, respetado y comprendido como una tentativa de relanzar la demanda. En efecto, en el odio, la demanda –que es siempre demanda de amor- y el fantasma – que implica al sujeto en su relación con el objeto de su deseo- parecen confundirse. Esta confusión marca una destitución, una destrucción de la lengua, uesta de ahora en adelante al servicio del odio.
Haber alcanzado al sujeto en el corazón mismo de su actividad fantasmática, juntamente con imposibilitarlo para escuchar al otro que transforma en demonio, nos lleva a formular la proposición siguiente: nada es más realista que el odio, ya que aquel que tiene el odio está permanenetemente tentado de confundir el objeto con su imagen. (Jacques Hassoun. El oscuro objeto del odio)
Pulsión y satisfacción
La pulsión al apresar su objeto aprende en cierta manera que no es justamente por ahí que se satisface. Ningún objeto puede satisfacer la pulsión. A pesar de que atiborréis la boca, esta boca que se abre en el registro de la pulsión,- no es de alimento que se satisface, es, como se dice, del placer de la boca. Por ello, en la experiencia analítica, la pulsión oral se encuentra en último término, en una situación en la que no hace otra cosa que encargar el menú. Esto se hace sin duda con la boca, que está al principio de la satisfacción -lo que va a la boca, y se agota en este placer que acabo de llamar, para referirme a términos usuales, placer de la boca.
Esto es lo que nos dice Freud. Tomen el texto: por lo que respecta al objeto en la pulsión, sepamos que no tiene, propiamente hablando, ninguna importancia. Resulta totalmente indiferente. Nunca hay que leer a Freud sin agudizar el oído. Cuando se leen tales cosas, debiera uno al menos conmoverse.
¿Cómo hay que concebir el objeto de la pulsión para que podamos decir que, en la pulsión, cualquiera fuera ésta, resulta él indiferente? Para la pulsión oral, por ejemplo, es evidente quizá no se trata de alimento, ni de recuerdo de alimento, ni de eco de alimento, ni de cuidados de la madre, sino de algo que se llama seno y que parece no presentar problemas porque pertenece a la misma serie. Si Freud nos hace esta observación, que el objeto en la pulsión no tiene ninguna importancia, se debe probablemente a que el seno está totalmente por revisar en cuanto a su función de objeto. (Jacques Lacan. . Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis )
El saber en psicoanálisis
Lo que descubrimos en la menor experiencia del psicoanálisis es ciertamente del orden del saber y no del conocimiento o de la representación. Se trata precisamente de algo que une a un significante S1 con otro significante S2 en una relación de razón.
Estos términos son bien pulverulentos, diría, si me permiten darle el acento adecuado en esta ocasión, por medio de esta metáfora, al término saber.
Sin embargo, la base donde se apoya lo que se sabe, lo que se articula tranquilamente como un pequeño amo, como yo, como quien sabe un montón, está en esta relación, y precisamente en la medida que no se sabe.
De todos modos, de vez en cuando se ve que esto se estropea. Se trata de la erupción de toda la fase de lapsus y tropiezos en los que se revela el inconsciente. Pero a la luz de la experiencia psicoanalítica es mucho mejor y va mucho más lejos.
Nos permitimos leer una biografía cuando tenemos medios, cuando contamos con los documentos suficientes para testimoniar sobre lo que cree una vida, el destino que cree haber tenido, paso a paso, incluso a veces de qué modo ha creído concluir dicho destino.
Sin embargo, a la luz de la noción de que no es seguro que un saber se sepa, no parece imposible que podamos leer en qué plano del saber inconsciente se ha producido el trabajo que da como resultado lo que constituye efectivamente la verdad de todo lo que se ha creído ser.
Para operar sobre el esquema del discurso de M mayúscula, digamos que de forma invisible el trabajo esclavo es el que constituye un inconsciente no revelado, la clave de si merece la pena hablar de esa vida. Algo que ha hecho surgir, a partir de verdades, de verdaderas verdades, tantos rodeos, ficciones y errores.
Así pues, la experiencia psicoanalítica pone en el centro, en el banquillo, al saber. Esto, por sí solo, nos impone como un deber una pregunta que no tiene por qué restringir su campo. Por decirlo de una vez, la idea de que de alguna forma o en algún momento, aunque sea como una esperanza en el futuro, el saber pueda constituir una totalidad cerrada, es algo que no había esperado al psicoanálisis para que pudiera parecer dudoso.
Esta puesta en duda fue abordada tal vez en tono menor en el caso de los escépticos, me refiero a los que se dieron este título en la época en que eso constituía una escuela, algo de lo que sólo nos queda una pobre idea. Pero después de todo, si es que vale la pena, ¿qué sabemos? ¿Qué sabemos a partir de lo que nos queda de los escépticos? Tal vez es mejor no juzgar. De su saber sólo tenemos quizá lo que otros fueron capaces de recoger, otros que no sabían el origen de las fórmulas escépticas con su puesta en cuestión radical de todo saber, a fortiori de la totalización del saber. (Jacques Lacan. Seminario 17. El reverso del psicoanálisis)
La deuda simbólica
En Tótem y tabú he intentado mostrar el camino que llevó desde esta familia hasta el siguiente grado de la convivencia, en la forma de las alianzas de hermanos. Tras vencer al padre, los hijos hicieron la experiencia de que una unión puede ser más fuerte que el individuo. La cultura totemista descansa en las limitaciones a que debieron someterse para mantener el nuevo estado. Los preceptos del tabú fueron el primer «derecho». Por consiguiente, la convivencia de los seres humanos tuvo un fundamento doble: la compulsión al trabajo, creada por el apremio exterior, y el poder del amor, pues el varón no quería estar privado de la mujer como objeto sexual, y ella no quería separarse del hijo, carne de su carne. Así, Eros y Ananké pasaron a ser también los progenitores de la cultura humana. El primer resultado de esta fue que una mayor cantidad de seres humanos pudieron permanecer en comunidad. Y como esos dos grandes poderes conjugaban sus efectos para ello, cabía esperar que el desarrollo posterior se consumara sin sobresaltos hacia un dominio cada vez mayor sobre el mundo exterior y hacia la extensión del número de seres humanos abarcados por la comunidad. En verdad no es fácil comprender cómo esta cultura pudo tener sobre sus participantes otros efectos que los propicios para su dicha.(Sigmund Freud . El malestar en la cultura)
Incumbencias psicoanalíticas
Algo instalado en lo subjetivo, no podría ser resuelto por ninguna forma de diálogo razonable y lógico.(Jacques Lacan. Seminario 12. Problemas cruciales para el psicoanálisis - Clase 4 del 6 Enero 1965)
Una palabra es matriz de la parte desconocida del sujeto, y ése el nivel propio del síntoma psicoanalítico, nivel descentrado con respecto a la experiencia individual, ya que es del texto histórico que lo integra. Y en consecuencia, es indudable, que el síntoma sólo cederá ante una intervención que recaiga sobre este nivel descentrado. Toda intervención que se inspire en una reconstitución prefabricada, forjada a partir de nuestra idea del desarrollo normal del individuo y que apunte a su normalización, fracasará. Por ejemplo, la frustración que tiene que aprender a padecer. Se trata de saber si el síntoma se resuelve en un registro o en el otro, no hay término medio.
Sin embargo la cosa es problemática en la medida en que el diálogo interyoico no deja de tener ciertas repercusiones, y quizá, por qué no, psicoterapéuticas. Psicoterapia se ha hecho siempre sin saber lo que se hacía, pero seguramente dando intervención a la función de la palabra. Se trata de saber si en el análisis, la función de la palabra ejerce su acción por la sustitución del yo del sujeto por la autoridad del analista, o si es subjetiva. El orden instaurado por Freud prueba que la realidad axial del sujeto no está en su yo. Intervenir sustituyendo al yo del sujeto, como se sigue haciendo en cierta práctica del análisis de las resistencias, es sugestión, no es análisis.
El síntoma, sea cual fuere, no queda propiamente resuelto cuando el análisis se practica sin poner en primer plano la cuestión de saber sobre qué recaer la acción del analista, cuál es elpunto del sujeto, por así decirlo, al que debe apuntar. (Jacques Lacan. Seminario 2, El yo en la teoría de Freud - Clase 4 “Una definición materialista del fenómeno de conciencia”)
Lalengua y el Soberano Bien
Texto 1
La tentación del mal, no es nada,. La tentación del bien es la más peligrosa, porque a nombre del bien podemos cometer un mal mucho mayor. Eso sucede mucho en nuestros días. El gran peligro de nuestros días es considerarse la encarnación del bien. (...)
La libertad no puede ser un ideal en sí misma. Libertad quiere decir que ciertas ataduras se suprimen, pero no existe un hombre que viva sin constricciones, sin relaciones. Hay algunas constricciones que vivimos: estamos muy contentos que nuestros padres ya no nos hagan casarnos con una mujer que ellos elijan, pero eso no quiere decir que podamos vivir sin preocuparnos del efecto que nuestros actos tendrán sobre los otros. Estas son verdades que poco a poco deberán ser tomadas en cuenta por las sociedades, que las tienen que hacer conscientes. No basta leer las en los periódicos, tienen que ser un elemento de nuestras vidas. Tzvetan Todorov.
Texto 2
Cuando miramos un espejo pensamos que la imagen que nos ofrece es exacta. Pero si te mueves un milímetro la imagen cambia. Ahora mismo, nosotros estamos mirando un círculo de reflejos sin fin. Pero a veces el escritor tiene que destrozar el espejo - porque es en el otro lado del espejo donde la verdad nos mira a nosotros. Creo que, a pesar de las enormes dificultades que existen, una firme determinación, inquebrantable, sin vuelta atrás, como ciudadanos, para definir la auténtica verdad de nuestras vidas y nuestras sociedades es una necesidad crucial que nos afecta a todos. Es, de hecho, una obligación.
Si una determinación como ésta no forma parte de nuestra visión política, no tenemos esperanza de restituir lo que casi hemos perdido - la dignidad como personas. (...)
El lenguaje político, tal como lo usan los políticos, no se adentra en ninguno de estos territorios dado que la mayoría de los políticos, según las evidencias de que disponemos, no están interesados en la verdad sino en el poder y en conservar ese poder. Para conservar ese poder es necesario mantener al pueblo en la ignorancia, que las gentes vivan sin conocer la verdad, incluso la verdad sobre sus propias vidas. Lo que nos rodea es un enorme entramado de mentiras, de las cuales nos alimentamos.
Como todo el mundo aquí sabe, la justificación de la invasión de Irak era que Sadam Hussein tenía en su posesión un peligrosísimo arsenal de armas de destrucción masiva, algunas de las cuales podían ser lanzadas en 45 minutos y provocar una espeluznante destrucción. Nos aseguraron que eso era cierto. No era cierto. Nos contaron que Irak mantenía una relación con Al Quaeda y que era en parte responsable de la atrocidad que ocurrió en Nueva York el 11 de Septiembre de 2001. Nos aseguraron que esto era cierto. No era cierto. Nos contaron que Irak era una amenaza para la seguridad del mundo. Nos aseguraron que era cierto. No era cierto.
Los Estados Unidos apoyaron y en algunos casos crearon todas las dictaduras militares de derechas en el mundo tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Me refiero a Indonesia, Grecia, Uruguay, Brasil, Paraguay, Haití, Turquía, Filipinas, Guatemala, El Salvador, y, por supuesto, Chile. El horror que los Estados Unidos infligieron a Chile en 1973 no podrá ser nunca purgado ni olvidado.
Cientos de miles de muertes tuvieron lugar en todos estos países. ¿Tuvieron lugar? ¿Son todas esas muertes atribuibles a la política exterior estadounidense? La respuesta es sí, tuvieron lugar y son atribuibles a la política exterior estadounidense. Pero ustedes no lo sabrían.
Esto nunca ocurrió. Nunca ocurrió nada. No ocurrió ni siquiera mientras estaba ocurriendo. No importaba. No era de interés. Los crímenes de Estados unidos han sido sistemáticos, constantes, inmorales, despiadados, pero muy pocas personas han hablado de ellos. Esto es algo que hay que reconocerle a los Estados Unidos. Han ejercido su poder a través del mundo sin apenas dejarse llevar por las emociones mientras pretendían ser una fuerza al servicio del bien universal. Ha sido un brillante ejercicio de hipnosis, incluso ingenioso, y ha tenido un gran éxito.
Os digo que Estados Unidos son sin duda el mayor espectáculo ambulante. Pueden ser brutales, indiferentes, desdeñosos y bárbaros, pero también son muy inteligentes. Como vendedores no tienen rival, y la mercancía que mejor venden es el amor propio. Es un gran éxito. Escuchen a todos los presidentes de Estados Unidos en la televisión usando las palabras, “el pueblo americano”, como en la frase, “Le digo al pueblo americano que es la hora de rezar y defender los derechos del pueblo americano y le pido al pueblo americano que confíe en su presidente en la acción que va a tomar en beneficio del pueblo americano”.
Es una estratagema brillante. El lenguaje se usa hoy en día para mantener controlado al pensamiento. Las palabras “el pueblo americano” producen un cojín de tranquilidad verdaderamente sensual. No necesitas pensar. Simplemente échate sobre el cojín. El cojín puede estar sofocando tu inteligencia y tu capacidad crítica pero es muy cómodo. Esto no funciona, por supuesto, para los 40 millones de personas que viven bajo la línea de pobreza y los dos millones de hombres y mujeres prisioneras en los vastos “gulags” de las cárceles, que se extienden a lo largo de todo Estados Unidos.
Estados Unidos ya no se preocupa por los conflictos de baja intensidad. No ven ningún interés en ser reticentes o disimulados. Ponen sus cartas sobre la mesa sin miedo ni favor. Sencillamente les importan un bledo las Naciones Unidas, la legalidad internacional o el desacuerdo crítico, que juzgan impotentes e irrelevantes. (Harold Pinter).
Texto 3
Y ahora vayamos entonces a ver, porque en suma no está agotado por estos dos aspectos donde acabamos de intentar localizarlo, dónde se sitúa la obra de Sade. Obra insuperable, se ha dicho, en el sentido de una especie de absoluto de lo insoportable de lo que puede ser expresado en palabras con respecto a la transgresión de todos los límites humanos. Se puede admitir que en ninguna literatura de ningún tiempo, hubo una obra tan escandalosa que ningún otro ha heridomás profundamente los sentimientos y los pensamientos de los hombres de hoy que los cuentos de Niller nos hacen temblar ya que osar tan rivalizar en licencia con Sade. Sí, se puede pretender que tenemos acá la obra más escandalosa jamás escrita
Y Maurice Blanchot, a quien cito, continúa: "no es un motivo para preocuparnos de ello".
Es precisamente lo que hacemos. Los incito a leer ese libro donde están recopilados al mismo tiempo dos artículos de Maurice Blanchot, sobre Lautréamont y sobre Sade, y que me parece de todos modos, si son capaces de hacer el esfuerzo de leer, uno de los elementos indispensables verterlo en nuestro legajo junto al sentido del discurso que intento decirles.
Sea lo que fuere, que sea yo el que se los resuma en los términos que se los he dicho, o Blanchot mismo quien lo articule, hablar así es seguramente mucho decir.
De hecho, parece que no hay atrocidad concebible que no pueda ser encontrada en ese catálogo donde parecía sacar una especie de desafío a la sensibilidad, cayo efecto es, hablando propiamente, estupefaciente. Si la palabra estupefaciente quiere decir que en cierto modo abandonamos al autor la línea del sentido, que, dicho de otro modo, perdemos los pedales, y que según este punto de vista se puede incluso decir que el efecto del que se trata, se obtiene sin arte, es decir sin consideración de la economía de los medios, por una especie de acumulación de los detalles, de las peripecias a las cuales se agrega aparentemente un trufado de disertaciones, de justificaciones cuyas contradicciónes seguramente nos interesan mucho ya que las seguiremos en el detalle, y de lo que sólo quiero hacer notar por el momento que únicamente los espíritus groseros pueden considerar, lo que les ocurre, que estas disertaciones están ahí para hacer pasar en cierto modo las complacencias eróticas. Incluso gente mucho más fina que los de espíritu grosero han llegado a atribuir a esas disertaciones, denominadas disgresiones, la baja, si puede decirse, de la tensión sugestiva en ese plano en que sin embargo los espíritus finos en cuestión, se trata allí precisamente de Georges Bataille, consideran la obra como dándonos propiamente el acceso a esta especie de asunción del ser en tanto (...) donde ven el valor de la obra de Sade.
Atribuir esta especie de interés a esas disertaciones y disgresiones es sin embargo un error. El aburrimiento de que se trata es otra cosa. Es sólo la respuesta del ser precisamente, poco importa que sea del lector o del autor, cerca de un centro de incandescencia, si puedo decirlo, del cero absoluto en tanto es psiquicamente irrespirable.
Sin duda que el libro se caiga de las manos, prueba que es malo, pero aquí el mal literario es quizás el garante de esta maldad, hablando con propiedad, para emplear un término que se usaba aún en el siglo XVII, que es el objeto mismo de nuestra investigación. Desde entonces Sade se presenta en el orden de lo que yo llamaría la literatura experimental A saber, la obra de arte en tanto es experiencia, Y una experiencia que no es cualquiera, una experiencia que yo diría, arrancó al sujeto como tal, y por su proceso, de lo que yo podría llamar sus amarras psicosociales Y para no quedar en la vaguedad, quiero decir, de toda apreciación psicosocial de la sublimación que se trata.
No hay mejor ejemplo de una obra tal que aquél sobre el cual espero que al menos algunos de ustedes hayan tenido práctica —digo práctica en los mismos sentidos en que puede decirse, tienen ustedes o no la práctica del opio—, a saber Los Cantos de Maldoror, de Lautréamont. Sólo hablo de esto aquí en tanto es a justo titulo que Maurice Blanchot conjuga las dos perspectivas que nos da sobre uno y otro autor
Mas en Sade se conserva la referencia a lo social, y él tiene la pretensión de valorizar socialmente su extravagante sistema, de donde esta especie de confesiones asombrosas que tienen un efecto de incoherencias Y que literalmente, se los mostraré, culminan en una suerte de contradicción múltiple, que sin embargo sería un error poner aquí pura y simplemente al activo del absurdo.
Desde hace algún tiempo, el absurdo es una categoría un poquito cómoda; tan cómoda que como ustedes saben le ocurre, los muertos son respetables, pero igualmente no podemos dejar de notar la complacencia que ha aportado el premio Nobel a no sé qué balbuceante sobre este tema, esta maravillosa recompensa universal de esta Knavería donde sin ninguna duda la historia probará que las listas de premios de lo que muy bien puede ser llamado estigmas de cierta abyección en nuestra cultura
Lo que Sade nos muestra del modo más articulado, es dos términos que aislaría al terminar hoy, como un anuncio de lo que será la continuación de nuestro proyecto. Es esto: que cuando se avanza en cierta dirección que es la de ese vacío central, en tanto hasta el momento es en esta forma que se nos presenta el acceso al goce, el cuerpo del prójimo se despedaza, y aquí, es a espaldas de sí mismo que haciendo doctrina de la ley del goce como pudiendo fundar no sé qué sistema de sociedad idealmente utópica, se expresa así en itálica en su texto, página 77 de la edición de ...Juliette en 10 pequeños volúmenes, que ha sido rehecha recientemente de un modo muy propio, a mi entender, por Pauvert, y que creo es aún un libro que sólo se (...) bajo el abrigo: "présteme la parte de su cuerpo que puede satisfacerme, por un momento, y goce si le gusta, de aquélla del mío que pueda serle agradable". (Jacques Lacan, Seminario 7. La ética del psicoanálisis)
|