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Franz Kafka nació en Praga el 3 de Julio de 1883, hijo de una acomodada familia de comerciantes pertenecientes a la minoría judía de lengua alemana. Cursó sus estudios en el Instituo Alemán del Altstadter Ring y a los veintitres años obtiene el título de Doctor en Derecho y trabaja como empleado en varias compañías de seguros. Si bien inicia la carrera de Derecho su vocación era la literatura. Fue dueño de una vigorosa alegría de vivir y enfrentó con poderosa fuerza interior las angustias de su difícil vida familiar.
En 1907 escribe los primeros relatos que se publicaron en la revista Hyperion, como Preparativos de bodas en el campo, en su diario (1911) plasma El mundo urbano, siendo este luego el núcleo de uno de sus grandes relatos: La condena.
Entre 1913 y 1919 Franz Kafka escribió El proceso, La metamorfosis y La condena y publicó El chófer, que incorporaría más adelante a su novela América, En la colonia penitenciaria y el volumen de relatos Un médico rural.
En 1917 los médicos le diagnostican tuberculosis, enfermedad que va haciendose dueña de su cuerpo y termina con su vida el 3 de Junio de 1924 en el sanatorio de Kierling, cerca de Viena. Su mas intimo amigo, el crítico y escritor Max Brod, hace caso omiso de su última voluntad y en lugar de destruir sus obras las dio a conocer al mundo..
Un Artista del Hambre (fragmento)
Un día, un inspector reparó en la jaula y preguntó a los mozos por qué no aprovechaban aquella jaula tan buena en que únicamente había un podrido montón de paja. Nadie lo sabía hasta que por último, uno, al ver la tablilla del número de días se acordó del ayunador. Revolvieron con horcas la paja, y en medio de ella encontraron al ayunador.
- ¿Estás ayunando aún? - le inquirió el inspector -. ¿Cuando vas a terminar de una vez?
- Perdonadme todos -musitó el ayunador, pero solamente le entendió el inspector, que tenía el oído muy cerca de la reja.
- Por supuesto -contestó el inspector, poniéndose el índice en la sien, para indicar así al personal el estado mental del ayunador-, todos le disculpamos.
- Toda mi vida deseé que admirarais mi resistencia al hambre -dijo el artista del hambre.
- Y la admiramos -repúsole el inspector.
- Pero no tendríais por qué hacerlo - dijo el ayunador.
- Bien, de acuerdo, no lo admiraremos -repuso el inspector-; pero ¿por qué no hemos de hacerlo?
- Porque me es imprescindible ayunar, no puedo evitarlo -dijo el ayunador.
- Eso es evidente -dijo el inspector-, pero ¿por qué no puedes evitarlo?
- Porque -dijo el artista del hambre, alzando un tanto la cabeza y hablando en la misma oreja del inspector para que no dejaran de oírse sus palabras, con los labios alargados como si fuera a dar un beso-, porque nunca encontré comida que me agradara. De lo contrario, créeme, no habría hecho ningún cumplido y me habría hartado como tú y los demás.
del libro La Metamorfosis
El Proceso (fragmento)
Era un largo pasillo al que se abrían algunas puertas toscamente construidas que daban paso a las oficinas instaladas en el piso. Aunque en el pasillo no había ventanas por donde entrara directamente la luz, no estaba completamente a oscuras, porque algunas oficinas, en lugar de presentar un tabique que las separara del corredor, tenían enrejados de madera que llegaban hasta el techo, a través de los cuales se filtraba un poco de luz, y podía verse a unos cuantos funcionarios, que escribían sentados a una mesa o que, de pie junto al enrejado, miraban por sus intersticios a la gente que pasaba por el corredor. En el pasillo no se veía a muchas personas a causa, seguramente, de que era domingo. Todas tenían un aspecto muy decente y estaban sentadas a intervalos a lo largo de una fila de bancos de madera dispuestos a ambos lados del corredor. Había dejadez en el vestir de aquellos hombres, aunque a juzgar por su fisonomía, sus maneras, su corte de barba y otros pequeños detalles imponderables, pertenecían obviamente a las clases mas altas de la sociedad. Como en el corredor no existían perchas, habían dejado sus sombreros sobre los bancos, siguiendo posiblemente cada uno de ellos el ejemplo de los otros. Cuando los que estaban sentados cerca de la puerta vieron venir a K. y al ujier, se pusieron de pié cortésmente, visto lo cual sus vecinos se creyeron obligados a imitarles, de modo que todos se levantaban a medida que pasaban los dos hombres. Pero ninguno de ellos se ponía derecho del todo, pues quedaban con las espaldas inclinadas y las rodillas dobladas dando la sensación de ser mendigos callejeros.
del libro El Proceso
El escudo de la ciudad (fragmento)
Al comienzo no faltó el orden en los preparativos para construir la Torre de Babel; orden en exceso quizá. Se preocuparon demasiado de los guías e intérpretes, de los alojamientos para obreros, y de vías de comunicación, como si para la tarea hubieran dispuesto de siglos. En aquella época todo el mundo pensaba que se podía construir con mucha calma; un poco más y habrían desistido de todo, hasta de echar los cimientos. La gente se decía: lo mas importante de la obra es la intención de construir una torre que llegue al cielo. Lo otro, es deseo, grandeza, lo inolvidable; mientras existan hombres en la tierra, existirá también el ferviente deseo de terminar la torre. Por lo cual no tiene que inquietarnos el porvenir. Por lo contrario, pensemos en el mayor conocimiento de las próximas generaciones; la arquitectura ha progresado y continuará haciéndolo; de aquí a cien años el trabajo que ahora nos tarda un año se podrá hacer seguramente en unos meses, mas durable y mejor. Entonces ¿para qué agotarnos ahora? El empeño se justificaría si cupiera la posibilidad de que en el transcurso de una generación se pudiera terminar la torre. Cosa totalmente imposible; lo más probable será que la nueva generación, con sus conocimientos más perfeccionados, condene el trabajo de la generación anterior y destruya todo lo construido, para comenzar de nuevo. Esas lucubraciones restaron energías, y se pensó ya menos en construir la torre que en levantar una ciudad para obreros. Mas cada nacionalidad deseaba el mejor barrio, lo que originó disputas que terminaban en peleas sangrientas. Esas peleas no tenían ningún objeto; algunos dirigentes estimaban que demoraría muchisimo la construcción de la torre, y otros, que más convenía aguardar a que se restableciera la paz. Pero no solo ocupaban el tiempo en pelear; en las treguas embellecían la ciudad, lo que a su vez daba motivo a nuevas envidias y nuevas polémicas. Así transcurrió el tiempo de la primera generación, pero ninguna de las otras siguientes tampoco varió; solo desarrollaron más la habilidad técnica, y unido a eso, la belicosidad. A pesar de que la segunda o tercera generación comprendió lo insensato de construir una torre que llegara al cielo, ya estaban todos demasiado comprometidos para dejar abandonados los trabajos y la ciudad.
En todas sus leyendas y cantos, esa ciudad tiene la esperanza de que llegue un día, especialmente vaticinado, en el cual cinco golpes asestados en forma sucesiva por el puño de una mano gigantesca, destruirán la mencionada ciudad. Y es por eso que el puño aparece en su escudo de armas.
del libro La Metamorfosis
Aforismos: Consideraciones acerca del pecado
El camino verdadero pasa por una cuerda, que no está extendida en alto, sino sobre el suelo. Parece preparada mas para hacer tropezar, que para que se siga su rumbo.
Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia. Interrupción prematura de un proceso ordenado, obstáculo artificial levantado al derredor de una realidad artificial.
A partir de cierto punto no hay retorno. Este es el punto que hay que alcanzar.
El poseer no existe, existe solamente el ser: ese ser que aspira hasta el último aliento, hasta la asfixia.
En un tiempo no podía comprender porqué no recibía respuesta a mi pregunta, hoy no puedo comprender como pude estar engañado hasta el extremo de preguntar. Pero no es que me engañase, preguntaba solamente.
Sólo temblor y palpitación fue su respuesta a la afirmación de que tal vez poseía pero no era.
Lo que nos hace llamar con el nombre de juicio final al juicio universal, es sólo nuestra concepción del tiempo; en realidad se trata de un juicio sumario.
Por fortuna, la incoherencia del mundo parece ser de índole solamente cuantitativa.
Carta al padre (fragmento)
Querido padre :
Una vez, hace poco, me preguntaste por qué decía que te temía. Como de costumbre, no supe que contestarte, en parte precisamente por el miedo que me das y en parte porque son demasiados los detalles que fundamentan ese miedo, muchos más de los que podría ordenar a medias, mientras hablo.
Y aún ahora el intento de contestarte por escrito resultará muy incompleto, ya que también al escribir me inhiben el miedo y sus consecuencias y porque el tema, por su magnitud, excede en mucho tanto mi memoria como mi entendimiento.
Para ti, el caso fue siempre muy simple, por lo menos así nos pareció a mí y a tantos otros a los que hablaste al respecto, sin que hicieras ninguna distinción. Las cosas te parecían más o menos así: a lo largo de tu vida has trabajado duramente, sacrificándolo todo por tus hijos y sobre todo por mí. En consecuencia, yo he vivido pródigamente, he tenido la libertad de estudiar lo que quisiera, no he tenido que preocuparme por mi sustento ni por otros problemas serios, a cambio de eso no me pedías que te agradeciera nada, ya que conoces la gratitud filial, pero esperabas algún acercamiento, alguna señal de simpatía. En vez de eso siempre te he rehuido, encerrándome en mi cuarto, con libros, con amigos alocados e ideas exageradas. Jamás conversé contigo con confianza, no me acerqué a ti en la iglesia, ni te fui a ver a Franzensbad, además tampoco supe lo que significa preocuparse por la familia, jamás me interesé por tu negocio ni por tus demás asuntos, te endosé la fábrica y luego la abandoné, apoyé a Ottla en su necesidad y, mientras por ti no soy capaz de mover un solo dedo (ni siquiera darte una entrada para el teatro), lo haría todo por mis amigos........
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Nota relacionada
Entrevista a José Milmaniene (El Sigma)
-¿Relacionaría la dificultad en la escritura con el duelo por el padre, no realizado?
-Claro, y a su vez, la escritura como un modo de resolver simbólicamente el parricidio. De alguna manera, escribir es un intento simbólico de matar al padre y de encontrar un lugar en la filiación del discurso. Me parece que es un intento de fundarse como sujeto, matando simbólicamente al padre: la escritura es el testimonio de ese parricidio simbólico. Esto se puede ver muy bien en Kafka: él en su carta al padre, de algún modo, efectiviza ese parricidio simbólico tanto en el contenido como en la forma. Me parece que los psicoanalistas, en los últimos años, a partir del pensamiento de Lacan, estamos dando mucho valor, no solamente a la palabra, sino a la escritura como un modo fundamental de expresión, y debemos trabajar mucho el terreno de la escritura, porque es un campo fecundo de intersección entre el psicoanálisis y el arte. Ya Freud lo plasmó cuando trabajó sobre el análisis de obras literarias. Me parece que es muy interesante ver esa intersección donde se cruzan los enigmas, los procedimientos que genera la literatura, la crítica literaria y la escritura con los problemas tal cual los aborda el psicoanálisis, sin disolver los campos discursivos y de pertinencia de cada práctica. ver artículo completo>>
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