Witold Gombrowicz nace el 4 de agosto de 1904 en Maloszyce a 200 kilómetros al sur de Varsovia en el seno de una familia noble. Cursa estudios de Derecho en la Universidad de esa ciudad graduándose en 1926. Llega a Buenos Aires el 21 de agosto de 1939 y sorprendido por el inicio de la segunda Guerra Mundial se queda en nuestro país hasta el año 1963 en el que decide regresar a Europa pasando una estadía en Berlín y luego en París. Los primeros años de su estadía vive en pensiones muy modestas y recibe una ayuda económica del consulado polaco en nuestro país. Desde el año 1940 colabora con algunos artículos firmando con seudónimos en el diario La Nación y en revistas como Aquí está y El Hogar.
En nuestro país escribe algunas de sus obras más importantes entre las que se encuentran: El Casamiento (1947), TransAtlántico (1951), Seducción (1958), Cosmos (1965) y el Diario, compuesto por tres tomos que recogen sus apreciaciones personales sobre su vida y su obra. Ferdydurke (1938), su primera novela importante se tradujo al español en el Café Rex de la calle Corrientes por un grupo de amigos entre los que se encontraba el escritor cubano Virgilio Piñera que se convertiría en el presidente de la Comisión de Traducción de Ferdydurke. Entre los años 1957 y 1960 realiza distintos viajes a Tandil y a Santiago del Estero esperando encontrar un mejor clima para su dolencia asmática.
En el año 1967 es uno de los candidatos al Premio Nobel. En el año 1968 se casa, en Vence, con Marie-Rita Labrosse, la que fuera su compañera y secretaria desde 1964. Muere el 24 de julio de 1969 en Vence a causa de una insuficiencia respiratoria.
Ferdydurke (fragmento)
"Decidme, ¿cómo pensáis?, ¿acaso, según vuestra opinión, el lector no asimila sólo partes y sólo en parte? Lee, digamos, una parte o un pedazo y se interrumpe para, dentro de algún tiempo, leer otro pedazo; y a menudo ocurre que empieza desde el medio o, incluso, desde el final, prosiguiendo desde atrás hasta el principio. A veces ocurre que lee dos o tres pedazos y lo deja... y no porque no le interese, sino porque algo distinto se le ha ocurrido. Pero aun en el caso de leer el todo, ¿creéis que lo abarcará con la mirada y sabrá apreciar la armonía constructiva de las partes, si un especialista no le dice algo al respecto? ¿Para eso, pues, el escritor, durante años, corta, ajusta, arregla, suda, sufre y se esfuerza: para que el especialista diga al lector que la construcción es buena? ¡Pero vayamos, más lejos aún, al campo de la experiencia cotidiana! ¿No ocurre acaso que cualquier llamada telefónica o cualquier mosca puede distraer al lector de la lectura justamente en ese supremo momento en que todas las partes y tramas se juntan en la unidad de la solución final? ¿Y si en ese momento entrase, digamos, su hermano y dijese algo? La noble labor del escritor se echa a perder a causa de una mosca, un hermano o un teléfono. ¡Oh, malas mosquitas! ¿por qué picáis a hombres que ya perdieron la cola y no tienen con qué defenderse? Mas preguntemos todavía si aquella obra vuestra, única, excepcional y tan trabajada, no constituye sólo una partícula de treinta mil otras obras, también únicas y excepcionales, que aparecen en el transcurso de un año. ¡Malditas y terribles partes! ¡Para eso, pues, construimos el todo: para que una partícula de la parte del lector asimile una partícula de la parte de la obra y sólo en parte!"
Otros fragmentos de Ferdydurke
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