DOS ESTATUTOS DEL SINTOMA
Jean Loius Gault *

Me interrogué sobre la cura de las psicosis. Me pregunté cómo definir la práctica del psicoanalista con un sujeto psicótico, y sobre qué fundarla en derecho. Ciertamente, podríamos hablar de psicoanálisis de las psicosis. Esto convendría, pero vacilamos en hacerlo. Cuando tratamos este tema aquí mismo, preferimos hacerlo a título de la experiencia psicoanalítica de las psicosis. De todos modos, habría que distinguirla del psicoanálisis de las neurosis, y darle un nuevo sentido a lo que entendemos cuando hablamos de psicoanálisis, en el caso de las psicosis.
Lacan utiliza el término de tratamiento, al menos para calificar el objetivo de la práctica con un sujeto psicótico. Nos encontramos allí con el síntoma, pero en las psicosis no se trata de interpretarlo, ni de descifrarlo. Lo que el sujeto psicótico puede esperar del psicoanalista, es un tratamiento por el síntoma. La experiencia de las psicosis ha permitido descubrir que el síntoma es un modo de tratamiento, y es lo que Lacan despliega en la segunda parte de su enseñanza al encontrar un nuevo síntoma diferente del síntoma freudiano: el sinthoma joyceano.
Una vez más, Lacan da lección sobre las psicosis, y Jacques-Alain Miller puso de relieve bajo ese título el valor de la experiencia de la psicosis, en 1987. El estatuto del síntoma en las psicosis inscribe por derecho propio al sujeto psicótico en la experiencia psicoanalítica en la medida en que el síntoma psicótico, en tanto que sínthoma, dice la verdad del síntoma neurótico. En su exposición "La interpretación al revés", hace dos años, Jacques-Alain Miller extrajo de ello como conclusión, el invitar a tomar como punto de partida el sinthome con el fin de orientarse en la cura de los sujetos neuróticos. Deduce de ello un nuevo régimen de la interpretación, formulado del siguiente modo: "Una práctica que apunte en el sujeto al sínthoma no interpreta a la manera del inconsciente." Jacques-Alain Miller ha esclarecido lo siguiente: en un análisis, se trata de reconducir al sujeto neurótico a los significantes propiamente elementales, a contrapelo de la interpretación que les ha provisto el inconsciente. En la medida en que el fenómeno elemental, en tanto que manifiesta el estado originario del sujeto en lalengua, es desnudado en la psicosis, conviene pensar la neurosis a partir de la psicosis. Me apoyé en esta consideración para despejar el estatuto de la experiencia psicoanalítica de las psicosis.
De atenernos tan sólo al título de su escrito, hay para Lacan un tratamiento posible de la psicosis. A lo largo de su texto, se hace cada vez más preciso y encara el objetivo de este tratamiento. Es digno de subrayarse que, ubicándose en una perspectiva analítica, Lacan introduzca este término de tratamiento. Lo hace en conexión con el problema de la psicosis. No hace uso del mismo en el caso de las neurosis, y nunca habla de tratamiento de la neurosis. Ese mismo año 1958, que tomamos como punto de partida, redacta dos textos. Uno, al que nos hemos referido, afronta el tratamiento de la psicosis. Algunos meses más tarde produce un segundo, que se dedica a la dirección de la cura. "La dirección de la cura...", como es claro en todo su texto, concierne a la dirección de la cura de las neurosis.
La palabra cura designa un psicoanálisis con su comienzo, su duración y su salida. La dirección de la cura supone una política en cuanto a su fin, una estrategia de la transferencia y una táctica de la interpretación. La cura en este sentido es la de una neurosis. El término de cura es de utilización clásica en el vocabulario del psicoanálisis, y es aquel del que se sirve Lacan al comienzo de su enseñanza. También escribió, antes del de 1958, un texto en 1955 sobre "Las variantes de la cura-tipo". Incluso si la expresion "cura-tipo" le fue impuesta y él la rechaza, aún se tratará de cura bajo su pluma. Recién después de 1958 abandona este término y lo reemplaza por el de psicoanálisis, simplemente. La sustitución de una palabra por la otra se opera por otra parte en el escrito del '55, en el hilo de esta frase que cito: "un psicoanálisis [...] es la cura que se espera de un psicoanalista". En este viraje del texto, hay otra báscula, decisiva para la continuación, que consiste en desplazar el acento de una definición formalista de la cura, a una interrogacion sobre el deseo del psicoanalista.
Un psicoanálisis, en el caso de una neurosis, comienza cuando un paciente se encuentra con un psicoanalista para quejarse de un síntoma, y el análisis consiste en el desciframiento de este síntoma. Finalmente, un psicoanálisis pretende ir más allá del fantasma en el que sostenía el síntoma, para alcanzar lo real de la pulsión alojado en el corazón del goce del síntoma. De este modo, el análisis de un sujeto neurótico iría de lo simbólico que constituye la envoltura formal del síntoma, hasta lo real de la pulsión.
En su "Lituraterre", Lacan vuelve irrisorio el consejo dado a Joyce de hacer un análisis. Considera que no hubiera ganado nada con ello, en la medida en que el artista, por una vía directa, habría alcanzado lo mejor que se puede esperar de un fin de análisis. Esta observación toma todo su valor si tenemos presente en nuestro espíritu que Lacan se refiere a Joyce como a un caso de psicosis. La conclusión que habría que extraer de ello es que no hay ninguna necesidad de un análisis en las psicosis.
Lo que se espera de un análisis es que el sujeto, más allá de sus identificaciones, tenga una perspectiva sobre lo real de su ser de desecho. Lacan muestra que Joyce -por fuera de todo análisis- alcanzó ese punto. Lo ilustra al jugar -siguiendo a Joyce mismo- con el equívoco letter/litter. Letter, la letra en tanto que símbolo, y litter la letra como desecho. El escritor, más allá de la letra como semblante, está directamente en relación con lo real de la letra como desecho. Lo que hace a la formidable potencia creadora de Joyce, es que no está frenado por ninguna de las atinencias que tiene la letra con lo simbólico y lo imaginario. Está en relación con una letra que rompió todas sus identificaciones, que no está apegada a ninguna significación estable. Su obra paga esta extraordinaria libertad con una gran parte de ilegibilidad.
Joyce describió el procedimiento de su creación literaria. Recoge las palabras en los negocios, de los afiches, de los labios de la multitud que deambula a su alrededor. Se los repite tanto, tanto que finalmente pierden para él su significación.
Estas palabras leídas, escuchadas, se presentan en la dimensión del significante elemental, despegado de toda significación. La palabra se vuelve la cosa que es. Joyce eleva esta mutación de letter en litter a la dignidad de una epifanía. No se trata verdaderamente de una alucinación, en cuyo caso habría que reconsiderar esta última en un sentido nuevo. Lacan define la epifanía como un anudamiento directo del inconsciente con lo real. Formulación a comparar con "la irrupción de un símbolo en lo real" por medio del cual define en 1958 a la alucinación marrana.
Estas palabras no son dirigidas a Joyce, y él tampoco es llevado a atribuirles un sujeto. Se trata en él de una relación con el fenómeno elemental de lalengua, antes de toda implicación subjetiva, ya sea del Otro o suya. Es más bien lalengua en tanto que Otro, lalengua en tanto que partenaire primero del sujeto, como lo subrayó Jacques-Alain Miller en su "Clínica irónica".
Joyce trata este fenómeno elemental, devuelto a su valor literal. Lo interpreta de un modo muy especial. Después de su vagabundeo, una vez hecha su recolección de epifanías, entra en su casa, y junta las palabras y las frases que no tienen sentido. Cada día, durante largos años, prosigue este work in progress, se vuelve el Artista.
Lacan propuso considerar Finnegans Wake como una lengua fundamental, en la medida en que no quiere decir nada, y que no dice nada. No habla. Es una lengua, y más exactamente una lengua hecha de jirones dispersos de la lengua inglesa, pero también arrancados a una cuarentena de otras lenguas. Es la lengua de un nuevo mundo, una nov-lengua, que nadie puede hablar, que sólo está hecha para ser escrita, y que se fabrica escribiendo. Sólo es alcanzable por medio de la escritura, pero podemos servirnos de ella, y Lacan lo intentó, con fortuna.
Lacan hizo advertir que la homofonía translingüística de la que se sirve Finnegans Wake sólo se soporta en una letra que es conforme con la ortografía de la lengua inglesa. Joyce explota homofonías translingüísticas de este tipo: la palabra que se escribe who en inglés puede escucharse como el francés où.
Situemos en oposición con el de Joyce otro uso de la letra, el de un sujeto neurótico de lengua francesa. Este sujeto agota su existencia en la fascinación muda que ejercen sobre él las imágenes radiográficas que escruta de la mañana a la noche en razón de su actividad profesional. Clavado a la letra sobre un soporte transparente, permanece fijado al goce infinito que lo fija al viejo aparato radiofónico cuyas modulaciones cubrían los jugueteos parentales. Esta elección profesional elevada por el sujeto a la dignidad de un síntoma que mantiene la ficción de la escritura de la relación sexual juega con la ventaja de un equívoco. El aparato de radio puede ser tanto radiofónico como radiográfico. Al final de una de esas múltiples jornadas de las que sale agobiado dice en una sesión, "estoy ávido - al vacío" [je suis avide -à vide]. Advirtiendo el equívoco, agrega: "no sé como escribirlo, si en una o dos palabras". comentando estas dos escrituras, asocia con un niño presente en un sueño. Reconoce en el joven personaje al niño que ha sido él mismo, niño ávido de saber, y particularmente de saber matemático, científico o técnico. Pero esta avidez no puede satisfacerse, porque el niño se enrreda en el uso de la letra matemática. Se embarra en la escritura de las ecuaciones algebraicas que no puede resolver, y se carga con una letra demasiado pesada de las significaciones de un padre brillante ingeniero. Entonces se embrutece machacando la lectura de obras especializadas, en vano. Le haría falta vaciar esta letra de ese peso, para que finalmente aligerada pudiese servir a una nueva avidez. Sólo lo logrará por el sesgo de una nueva relación sintomática con el saber, que ya no será la abulia y la apatía que hoy lo aplastan.
Volvamos a un ejemplo de psicosis, con el modo en que Wolfson trata la materia sonora de la lengua inglesa. Lo hace con la ayuda de un aparatito sintomático de fabricación propia. La fonética, el léxico y la ortografía de cuatro lenguas contribuyen a transformar y volver inofensivos los sonidos del inglés. Estas cuatro lenguas son el francés, el hebreo, el alemán y el ruso. Esta transmutación lingüística reposa sobre la letra. De ese modo, el sonido del inglés early puede ser desactivado, por su transposición al francés "al instante" [sur le champ]. Esta operación se apoya en las dos letras r y l que encontramos en las ortografías respectivas de early en inglés y sur le champ en francés. Se trata de una operación transliteral. La simple traducción de early por temprano [de bonne heure] no alcanzaría porque conviene acometer realmente la letra, o más precisamente su sustancia sonora, pero conservando el esqueleto literal. Ciertas palabras son muy difíciles de tratar, y por ejemplo la palabra "believe" reclama de Wolfson cuarenta páginas de escritura para lograrlo.
A partir de ese momento se plantea la siguiente pregunta: una vez que el sujeto en la psicosis alcanzó este punto situado más allá de un psicoanálisis, ¿podemos esperar un análisis en un caso de psicosis? Nada de eso, respondía Freud. Pensaba que un análisis era imposible en las psicosis, porque en ellas no encontrábamos la transferencia en el sentido del amor de transferencia, y que ésta es la condición para que un análisis sea posible.
En este punto Lacan difiere de Freud, en la medida en que estimaba que el psicoanalista no debía retroceder frente a las psicosis. Lacan agrega que de todos modos es presuntuoso proponer un análisis a un sujeto psicótico, dado que éste ya ha obtenido lo mejor que se puede esperar de un análisis. Sin embargo, habiendo alejado la posibilidad de un análisis, Lacan sigue manteniendo que el analista debe afrontar la psicosis. La pregunta que se formula a partir de ese momento es ¿qué esperar de un analista, en un caso de psicosis, si no se tata de un psicoanálisis?
Lacan pensaba que el sujeto psicótico puede esperar algo de un análisis, y es a este respecto que introdujo el término de tratamiento. Consideró que la psicosis reclamaba un tratamiento, y estimó que este tratamiento era posible, aunque sometido a una cuestión preliminar que es la siguiente: ¿es maniobrable la transferencia psicótica?
Freud obsevaba que en las psicosis no hay transferencia al sujeto supuesto saber. Sin embargo, Lacan agrega que existe una transferencia psicótica, ciertamente de una naturaleza particular. Se trata de una transferencia persecutoria y erotomaníaca. Con el caso de su tesis, el de Aimée, la bien-nombrada, podría decirse, Lacan tuvo la experiencia de esa transferencia. Esa transferencia es un obstáculo a la acción del analista. Esta sólo puede concebirse si se puede maniobrar la transferencia y cambiar su naturaleza. Lacan también tuvo la experiencia de que esto era posible, y justamente en el caso de Aimée.
Cuando tuvo que ocuparse de ella, no fue un agente de una erotomanía persecutoria, sino el lector de sus escritos, y su secretario. Dedujo de ello que una báscula tal en la transferencia podía entonces plantearse en el caso de las psicosis, de modo tal que se instala una transferencia, que no es ni el amor dirigido al saber, ni la transferencia erotomaníaca, sino una transferencia con un Otro que vuelve posible una relación con el analista que posibilite su intervención. Lacan llegó a declinar algunas de estas posiciones del Otro, y su modalidad transferencial. Hay diferentes registros del partenaire imaginario, simbólico o real, que el analista puede encarnar para el sujeto, para permitirle operar en las psicosis. La noción de partenaire-síntoma introducida por Jacques-Alain Miller conduce a retomar en una perspectiva renovada la cuestión de saber lo que podemos ser para el sujeto psicótico, en la experiencia analítica.
De este modo un tratamiento de las psicosis sería posible, pero, ¿qué podemos esperar de un tal tratamiento, si en un caso de psicosis el sujeto ya ha llegado al final de ese camino que es el de un análisis? Lo que podemos esperar del tratamiento de una psicosis es un hecho totalmente diferente de lo que podemos esperar del análisis de una neurosis. Incluso es exactamente lo contrario.
En una neurosis, se trata de descifrar los síntomas y de ir desde lo simbólico hacia lo real. Es este desciframiento el que pretende la misma palabra análisis. En las psicosis, se trata por el contrario de ir desde lo real hacia lo simbólico, y de fabricar un síntoma. Es allí que el término de tratamiento se justifica. El tratamiento indica esta modalidad de acción de lo simbólico sobre lo real, donde se tata de tratar lo real por lo simbólico a través de la constitución de un síntoma. El diccionario, al lado del uso médico de la misma palabra, hace el repertorio de una serie de significaciones de la palabra tratamiento, propias para designar la operación del síntoma. Tratar es, por ejemplo, someter una sustancia a la acción de agentes físicos o químicos, para modificarla. Tratamiento se aplica al procedimiento que permite modificar una materia. Es en esa vía que hablamos del tratamiento de un mineral, del tratamiento térmico de un metal o aún del tratamiento de desechos radioactivos para desactivarlos. Está también el tratamiento de la información, donde se trata de aplicar un operador lógico o matemático a los datos brutos, para explotarlos según un programa. De este modo el síntoma puede ser concebido como un modo de tratamiento por el símbolo de la sustancia gozante, para modificarla, desactivarla, y volver posible su uso para el sujeto.
La única enfermedad de que sufrimos en tanto que ser hablante es la que es introducida en el viviente por el parasitismo el significante. Lacan habló del lenguaje como de un cáncer y evocó esta virulencia del logos. Lacan definió al inconsciente como los efectos de la palabra sobre el sujeto, y mostró que la clínica freudiana desarrolla las incidencias de esta enfermedad del significante.
El desgarramiento primordial que el símbolo inflige a la vida es experimentado por el sujeto como un goce insoportable. El escritor Mishima describió el dolor ardiente experimentado de niño y debido a este efecto de corrosión del lenguaje. A partir de entonces, se trata para el sujeto de aparejar este goce, y es allí que este término de tratamiento encuentra su empleo. El aparejamiento de este goce es el tratamiento de estos efectos del lenguaje sobre el viviente.
Mishima explica cómo emprende su defensa contra este sufrimiento causado por las palabras. Tenía entonces cuatro años, y si bien ya sabía hablar, no sabía todavía manejar la escritura. Es entonces en el pensamiento que se habitúa a componer fábulas cortas o breves, relatos con las palabras que lo hacen sufrir, y se esfuerza en memorizarlos repitiéndolos. Son estos fragmentos los que formarán la materia de sus ficciones literarias futuras. Este era para Mishima su propio tratamiento de este goce de lalengua.
El sujeto obtiene ese aparejamiento del goce por medio del discurso y el fantasma cuando es neurótico. Lo logra por medio del delirio cuando es psicótico en la medida en que sea paranoico. Para el esquizofrénico, en quien todo lo simbólico es real, este recurso está excluído. Esta es una respuesta que le da Lacan a Jean Hippolyte, a quien precisa: "En el orden simbólico, los vacíos son tan significantes como los plenos; efectivamente parece [...] que fuese la hiancia de un vacío la que constituye el primer paso de todo [su] movimiento dialéctico. [...] Efectivamente, es lo que explica, parece, la insistencia con que el esquizofrénico reitera ese paso. En vano, ya que para él, todo lo simbólico es real". Lacan le opone a continuación el sujeto paranoico para el cual ha demostrado, dice, la posibilidad de integrar estos elementos pre-significantes que son los fenómenos elementales en la organización discursiva de un delirio.
En el curso de su enseñanza, Lacan exploró en las psicosis las diferentes soluciones de captura de este goce excedente. Esto va desde la práctica transexual de Schreber hasta el uso de la letra en Joyce. En todos los casos de psicosis, es necesario elucidar tentativas tales de tratamiento, así como el lugar y la parte que el psicoanalista es susceptible de tomar en ellas.
A partir de entonces es posible comprender la diferencia entre un psicoanálisis, entendido como la cura de una neurosis, y el tratamiento de una psicosis que se espera de un analista. Un neurótico es un sujeto que encontró una solución para defenderse contra la real. esta solución se apoya en el Nombre-del-Padre y la identificación fundamental que lo acompaña. Esta respuesta por el semblante paterno no es nunca totalmente satisfactoria porque ignora lo real de la pulsión. La identificación ideal a la que el sujeto neurótico se aferra comporta siempre una represión del goce pulsional. Este es el problema de la neurosis, y es lo que conduce al sujeto neurótico al análisis. La solución neurótica es notablemente insuficiente, en la medida en que deja al sujeto confrontado con, de un lado una reivindicación pulsional que no quiere reconocer, y que sin embargo continúa haciendo valer sus derechos, y por otro lado un ideal, contaminado por este goce pulsional que retorna.
El sujeto psicótico rechaza esta solución del Nombre-del-Padre. Se encuentra entonces sin defensa contra lo real. Mientras que el Nombre-del-Padre es una solución válida para todos, el sujeto psicótico que, en nombre de su singularidad irreductible, se rehusa a esta solución universal, es conducido a inventar una solución única. No hay lugar para el análisis del síntoma en las psicosis. El problema es diferente, se trata de encontrar una solución, una solución de tratamiento de este goce-en-exceso, por medio del síntoma precisamente. Estas dos vías de a experiencia analítica se oponen respecto del síntoma. Análisis del síntoma en las neurosis, tratamiento por el síntoma en las psicosis.
Algunos sujetos encuentran su propia solución, solos. Son, por ejemplo, Schreber, Joyce, Wolfson. Encontramos sujetos tales que han elaborado semejantes soluciones sintomáticas. Puede ocurrir que llegado el caso se trate de dificultades surgidas en tal coyuntura dramática de su existencia la que revela las insuficiencias del aparejamiento con el que se sostenían hasta ese momento. Se trata entonces para el sujeto de restaurar un orden del mundo. En otros caso, vemos al sujeto de entrada en el momento en que está confrontado con la inmensidad de la tarea, de tener que defenderse contra lo real. El analista puede contribuir a ayudar al sujeto a construir un síntoma. Un analista tiene su lugar en esta tentativa de tratamiento porque se supone que ha adquirido, como analizante, el saber de la estructura. Puede entonces ocupar su lugar en ella, lo que permite al sujeto orientarse allí. En esta relación del sujeto con la estructura, Jacques-Alain Miller puso de relieve algo esencial que condensó en la siguiente fórmula: los derechos de la estructura. Desde este punto de vista, un analista es un sujeto que, por el sesgo de su propio análisis, aprendió lo que son los derechos de la estructura. Es sólo a este título, es decir, recordando que ha sido analizante, que puede responder a la demanda de un sujeto psicótico. Vamos aquí a encuentro con la manera en que Jacques-Alain Miller se dirigía al psicoanalista concluyendo su "Clínica irónica": "Recuerda que tú también fuiste analizante". Con el sujeto psicótico, situado como él del mismo lado del muro del lenguaje, el analista tiene que hacer de modo tal que la estructura vuelva a sus derechos. Para lograrlo, se trata en todos los casos de obtener una cierta mutación del sujeto.
El rechazo primordial del Nombre-del-Padre no puede llegar hasta la ignorancia de los derechos de la estructura. Es allí que reside el carácter insostenible de la posición del derecho psicótico. Comienza por rechazar el significante, llegando luego a rehusar el efecto de castración inducido por el significante, y finalizando por creer que puede ser el amo en la ciudad del significante.
Esta posición es falaz, y es, para el sujeto, fuente de considerables dificultades. El sujeto no puede ser el amo del significante, es siempre un efecto del logos, y éste es uno de los derechos de la estructura. Joyce llega a concederlo cuando, para calificar su work in progress, declara: "Obedezco a leyes que no elegí". Como el sujeto neurótico, el sujeto psicótico tiene que vérselas con lo que sin embargo repele. Lo que rechaza de lo simbólico retorna y se le presenta como un real que lo persigue. La condición del tratamiento es que el sujeto se vuelva responsable de estos efectos de su posición. Eric Laurent mostró que a partir del momento en que el sujeto acepta asumir auténticamente las consecuencias de ello, se encuentra en posición de hacerse garante del orden del mundo. Al comienzo se trata de una rectificación de las relaciones del sujeto con los fenómenos de la psicosis, que lo conduce a aceptar la responsabilidad de lo que le ocurre. El extraordinario trabajo de elaboración realizado por Schreber sobre la enfermedad de los nervios de la que es paciente, es un ejemplo de ello. La gran creación literaria de Joyce es otro, como lo fueron los escritos de Brisset o de Wolfson.
Traducción: Nieves Soria.
* Publicado en La Cause Freudienne Nº 38. Febrero 1998
* Artículo publicado en Virtualia - http://www.eol.org.ar/default.asp?publicaciones/caldero/cald_art_84gault.html
|